No se trata de juntar palabras, si no de dotarlas de significado.

Laia

Laia, dejas que tus ojos se desborden y tu corazón se encharque. Tu alma ya no está, desapareció pegada a sus talones de la mano de tu orgullo y tu felicidad dejando un hueco donde antes había sentimientos. De tu boca no salen ni sollozos, prefieres el silencio del que no salen sombras que te susurran al oído lo mierda que eres sin él. Que se ha ido y lo sabes pero no lo aceptas, te calaron hondo sus sonrisas, sus poses y esa forma de hacerte suya que te volvía loca y te transformaba en otra tú, aquella que no le tenía miedo a nada y sacaba sus uñas a relucir, te sentías dominante ¿Dónde coño ha quedado esa careta que te ponían sus besos y sus caricias?

    - Sigo aquí. – Te repites a ti misma.

No, aquí solo queda lo que él ha dejado de ti; una cáscara vacía. 

Quemas.

Volé rozándote la piel hasta que rompiste mis alas y caí en el precipicio de tu boca cortándome con el filo de tu lengua y desangrándome, expulsando todo el odio que por ti sentía en forma de líquido color carmesí dejando paso al fuego de la pasión de aquella noche, que quemó mis venas e incendió mi alma y mi corazón.

No es oro todo lo que reluce.

Dicen que un amigo de verdad es aquél que te dice siempre la verdad aun que duela, el que deja que te caigas para que aprendas a poner las manos delante parando el batacazo y después te ayuda a levantarte. Luego están los que piensan que la amistad no existe, entre los que me incluyo. No tenemos amigos; tenemos personas a las que tenemos en consideración, a las que apreciamos y deseamos tenerlas en nuestras vidas. Pero, si yo usara la palabra amigo para referirme a ese tipo de personas, las definiría como aquellas que tienen la fuerza de voluntad para decirte que la vida da mil y una vueltas y que el que hoy es tu mejor amigo, mañana es una persona que pasó como un cohete por tu vida e hizo mella en esta, contribuyendo a hacer aparecer en ti la capacidad de sentir algo por alguien y dejar que te transforme un poco a su paso, como el agua a las rocas. 

La palabra amigo se queda demasiado grande para todos, sin excepciones. Lo que hoy día la gente está acostumbrada a llamar amigo, no existe.